Madrid fue la primera parada de mi viaje por Europa este verano. Esta vez solo tenía dos días para conocer la ciudad y, aunque logré recorrer muchísimo, también aprendí algo importante: dos días no son suficientes para disfrutar Madrid como se merece.
Llegué un domingo por la mañana y mi amiga Sandra me esperaba en el aeropuerto. Tomamos el tren hasta la zona donde vive, dejamos mi equipaje y prácticamente salimos de inmediato a recorrer la ciudad.
Sandra también hizo que moverme por Madrid fuera muy sencillo. Añadió saldo a su tarjeta de transporte para que pudiéramos utilizarla los dos durante mis recorridos por la ciudad. Uno de esos pequeños detalles que hacen todavía más especial viajar acompañado por alguien que conoce el lugar.
Primer día: Madrid sin perder tiempo
Comenzamos por uno de esos lugares que inmediatamente te dicen dónde estás: Puerta del Sol, uno de los puntos más emblemáticos y concurridos de Madrid. Allí encontramos la Real Casa de Correos, la estatua ecuestre de Carlos III y, por supuesto, el famoso Kilómetro Cero, desde donde parten las principales carreteras radiales de España.
Y sí, había que tomarse la foto. 😄
Desde allí comenzamos a caminar sin perder demasiado tiempo. Con solo dos días por delante, Sandra tenía bastante claro que había mucho Madrid que enseñarme.



Primera parada gastronómica: sabores gallegos en Madrid
Después de comenzar nuestro recorrido por el centro, llegó el momento de hacer una pausa para comer. Sandra y Javi me llevaron a El Cucurucho del Mar, un restaurante especializado en mariscos y cocina gallega en pleno Madrid.
Y aquí apareció una de las ventajas de conocer una ciudad acompañado por amigos que viven allí: yo no tenía que preocuparme demasiado por buscar dónde comer. Simplemente confiaba en ellos. 😄
Compartimos varios platos, conversamos y recargamos energías para todo lo que todavía nos quedaba por descubrir.




Madrid desde las alturas: una parada en El Corte Inglés de Callao
Después de comer seguimos explorando el centro hasta llegar a Callao, donde Sandra me llevó a descubrir un lugar que probablemente habría pasado por alto si hubiese estado recorriendo Madrid por mi cuenta.
En la última planta de El Corte Inglés de Callao se encuentra Gourmet Experience, un espacio gastronómico con diferentes restaurantes y barras, pero para mí la verdadera sorpresa estaba afuera: su terraza y las vistas de Madrid.
Desde allí se obtiene una perspectiva espectacular de la Gran Vía y del icónico Edificio Capitol, con su enorme cartel de Schweppes. Es uno de esos lugares perfectos para hacer una pausa, tomar algo y, por supuesto, sacar unas cuantas fotos.
Otra ventaja de recorrer una ciudad con alguien que vive allí: Sandra sabía exactamente dónde llevarme. 😄


Plaza de España y un encuentro con Don Quijote
Nuestra siguiente parada fue Plaza de España, uno de esos espacios de Madrid donde vale la pena detenerse un momento. En el centro se encuentra el gran monumento dedicado a Miguel de Cervantes, acompañado por dos de sus personajes más universales: Don Quijote y Sancho Panza.
Entre monumentos, jardines y algunos de los edificios más reconocibles de la ciudad, hicimos una pequeña pausa antes de seguir nuestro camino. Y aunque Madrid estaba preciosa bajo ese cielo azul, el calor de agosto ya empezaba a recordarme que había escogido una época bastante intensa para recorrerla a pie. 😅


Del Palacio Real a la Catedral de la Almudena
Desde Plaza de España nos dirigimos hacia otra de las zonas que más quería conocer: el Palacio Real de Madrid y la Catedral de la Almudena.
Aunque esta vez no teníamos tiempo para visitar el interior del Palacio Real, recorrer sus alrededores y contemplar la inmensidad del edificio ya valía la pena. Justo enfrente, la Almudena se convirtió además en una parada especialmente significativa para mí.
Entramos a la catedral, pero esa visita merece que me detenga un poco más adelante en este recorrido. Como suelo hacer cuando viajo, aproveché ese momento no solamente para admirar el lugar, sino también para hacer algo mucho más personal.


Del Mercado de San Miguel a Plaza Mayor
Después de visitar la Almudena nos adentramos en el centro histórico hasta llegar al Mercado de San Miguel, uno de esos lugares que inevitablemente llaman la atención por su estructura y por todo el movimiento que hay en su interior.
Entramos a curiosear entre sus puestos y, aunque ya habíamos comido, siempre hay espacio para mirar qué está comiendo todo el mundo. 😂
Desde allí seguimos hasta Plaza Mayor, otro de esos lugares que tenía muchas ganas de conocer. Rodeada por sus característicos edificios y soportales, la plaza tiene esa sensación de estar entrando por unos minutos en otro Madrid, muy diferente al de la Gran Vía que habíamos recorrido unas horas antes.
Y nosotros seguíamos caminando… porque aparentemente Sandra había decidido que 48 horas eran suficientes para enseñarme Madrid entero. 😂


Chueca: historia, diversidad y un poco de humor
Después de Plaza Mayor llegó el turno de Chueca, uno de los barrios más conocidos de Madrid por su ambiente, su diversidad y su estrecha relación con la comunidad LGBTQ+. Al salir del Metro, uno de los primeros detalles que llamó mi atención fue precisamente su señalización con los colores del arcoíris. 🏳️🌈
Nada más llegar se siente un Madrid diferente: calles llenas de pequeños comercios, bares y terrazas, mezclados con lugares que llevan allí muchísimos años. Y precisamente nuestra primera parada fue uno de ellos.



Un poco de humor por las calles de Chueca
Después de nuestra parada en Ángel Sierra seguimos caminando por Chueca y, como era de esperarse, el barrio también nos regaló algunos momentos bastante más divertidos. 😂
Pasamos por La Pollería, conocida por sus particulares gofres con formas que no necesitan demasiada explicación. Obviamente, aquello merecía una foto. 😄 Un poco más adelante encontramos Tero, otro de esos pequeños comercios que hacen entretenido simplemente caminar y descubrir el barrio.
Pero mi encuentro favorito llegó unos pasos después, cuando vi un letrero que decía NINO’S. Ahí sí tuve que detenerme.
“Nino” es el apodo con el que mi hermano, parte de mi familia y algunos amigos de la infancia me han llamado durante toda mi vida. Encontrármelo de repente en una calle de Madrid fue una de esas pequeñas coincidencias que no aparecen en ninguna guía de viaje, pero que terminan convirtiéndose en un recuerdo especial. ❤️



Terminando el día con Madrid a nuestros pies
Después de tantas horas caminando, terminamos nuestro primer día en la azotea del Círculo de Bellas Artes. Y no se me ocurre una mejor manera de haber cerrado aquel domingo.
Subimos para tomar algo y descansar mientras disfrutábamos de Madrid desde las alturas. Después de pasar el día entre sus calles, plazas y barrios, verla ahora desde arriba era una forma completamente diferente de apreciar la ciudad.
Estaba cansado —Sandra realmente se había tomado muy en serio su misión de enseñarme Madrid en 48 horas 😂—, pero también feliz. Había llegado esa misma mañana y sentía que en apenas unas horas habíamos hecho muchísimo.
Y todavía nos quedaba todo un día por delante.


Segundo día: El Retiro, Cibeles y mucho más Madrid
Después de un primer día bastante intenso, el lunes volvimos a salir para seguir descubriendo Madrid. Y sí, Sandra todavía tenía energía y una larga lista de lugares que quería enseñarme. 😂
Comenzamos el día en El Retiro, donde por fin bajamos un poco el ritmo entre sus avenidas arboladas y algunos de sus rincones más conocidos. Después del calor y de todo lo que habíamos caminado el día anterior, empezar rodeados de verde fue un cambio de escenario que agradecí muchísimo.
Llegamos hasta el Estanque Grande, con el Monumento a Alfonso XII al fondo y las pequeñas barcas recorriendo el agua. Era uno de esos lugares de Madrid que había visto muchas veces en fotografías y que ahora finalmente tenía frente a mí.



De El Retiro a Cibeles
Desde El Retiro pusimos rumbo a Cibeles, otra de esas imágenes que inmediatamente asocio con Madrid.
Allí me encontré frente al imponente Palacio de Cibeles, uno de los edificios que más me llamó la atención durante el recorrido. Y como Sandra ya sabía perfectamente cómo funcionaba esto, tocaba detenernos otra vez para la correspondiente sesión de fotos. 😂
Lo que más disfruté de recorrer Madrid de esta manera fue precisamente eso: gran parte del tiempo simplemente caminábamos de un lugar a otro y, casi sin darnos cuenta, aparecía frente a nosotros otro edificio, otra plaza o algún pequeño detalle que terminaba formando parte del viaje.


Un pequeño detalle que me sacó una sonrisa 🏳️🌈
Mientras seguíamos caminando por Madrid me encontré con un pequeño detalle que inmediatamente llamó mi atención: un semáforo peatonal con dos hombres tomados de la mano.
También vi versiones con dos mujeres y otras parejas. Puede parecer algo muy sencillo, pero me gustó encontrar ese símbolo de diversidad integrado con tanta naturalidad en la vida cotidiana de la ciudad.
Son precisamente esas pequeñas cosas que uno descubre caminando, sin buscarlas, las que muchas veces terminan formando parte de los recuerdos de un viaje.
Una pausa para agradecer
Hay algo que suelo hacer cuando viajo: entrar a las iglesias y catedrales que encuentro en el camino. Más allá de su arquitectura, su historia o su valor artístico, para mí son lugares donde puedo detenerme unos minutos, rezar, dar gracias por la oportunidad de estar allí y recordar en mis oraciones a quienes ya no están.
Madrid no fue la excepción.
El domingo tuve ese momento en la Catedral de Santa María la Real de la Almudena, junto al Palacio Real. Después de tantas horas caminando, entrar, observar su interior y tener unos minutos de tranquilidad fue también parte de mi experiencia en Madrid.
El lunes volví a encontrar uno de esos momentos durante nuestro recorrido, esta vez en la Iglesia de San Jerónimo el Real, conocida como Los Jerónimos.
Para mí, estos momentos también forman parte de viajar. Conocer un destino no es solamente recorrer sus calles, probar su comida o visitar sus lugares más famosos; a veces también significa detenerse, agradecer y recordar. ❤️🙏🏼
Catedral de la Almudena



Los Jerónimos



Caminando por el Barrio de las Letras
Nuestro recorrido nos llevó después frente al Congreso de los Diputados, donde, por supuesto, hicimos una breve parada para la foto antes de seguir.
Poco después entramos en el Barrio de las Letras, una zona de Madrid estrechamente ligada a algunos de los grandes nombres de la literatura española.
Allí me encontré con un lugar que me hizo detenerme: el sitio donde estuvo la última casa en la que vivió Miguel de Cervantes y donde murió en 1616. La vivienda original ya no existe, pero en la fachada del edificio que ocupa hoy ese lugar se conserva un relieve y una inscripción que recuerdan al escritor.
Me pareció increíble pensar que estaba caminando por las mismas calles donde vivieron algunos de los grandes escritores de nuestra lengua. Son esos pequeños encuentros con la historia que aparecen mientras recorres una ciudad y que terminan haciendo el viaje todavía más interesante.
Aunque tampoco voy a ponerme demasiado intelectual 😂. Después de tantas horas caminando por Madrid, Sandra y yo ya empezábamos a pensar en algo mucho más urgente: sentarnos, tomar una cerveza y comer.


Una cerveza, comida gallega y un merecido descanso
Después de tantas horas caminando, ya era momento de hacer algo que también forma parte de conocer una ciudad: sentarnos, conversar y disfrutarla sin ninguna prisa.
Sandra y yo hicimos una parada para tomar unas cervezas y descansar un poco. Estos son algunos de mis momentos favoritos cuando viajo: cuando guardas el teléfono por un rato, dejas de pensar en cuál será la próxima parada y simplemente disfrutas de estar allí con alguien especial.
Después llegó la hora de comer. Sandra me llevó a Terramundi, un restaurante de cocina gallega donde compartimos varios platos y, por supuesto, seguimos conversando sobre todo lo que ya habíamos recorrido.
Una de las grandes ventajas de conocer Madrid con alguien que vive allí fue precisamente esa: yo no tenía que decidir dónde ir ni dónde comer. Durante esas 48 horas simplemente confié en Sandrilla… aunque para ese momento ya comenzaba a sospechar que su verdadero objetivo era que regresara a Miami sin sentir las piernas. 😂



Las últimas horas caminando por Madrid
Después de comer todavía nos quedaban algunas horas para seguir recorriendo la ciudad. Ya sin demasiada prisa, pasamos por lugares como la Biblioteca Nacional de España y la Plaza de Colón, mientras Madrid seguía apareciendo frente a nosotros casi a cada esquina.
Para ese momento ya había perdido la cuenta de los kilómetros que Sandra me había hecho caminar 😂, pero también comenzaba a darme cuenta de cuánto habíamos logrado conocer en apenas dos días.
Y quizás esa fue una de las cosas que más disfruté de Madrid: es una ciudad que invita a caminar. Puedes salir con un destino en mente y terminar encontrándote con plazas, edificios, pequeños comercios o rincones que no estaban necesariamente en tus planes.
Al final del día estaba cansado, sí, pero también con esa sensación maravillosa de haber aprovechado cada hora que tenía disponible.


¿Madrid en agosto? Algo que debes saber
Si hay algo que aprendí durante estas 48 horas es que agosto no sería mi primera elección para regresar a Madrid.
Primero, el calor. Hace bastante calor y, cuando decides conocer una ciudad caminando como hicimos Sandra y yo, después de varias horas bajo el sol realmente se siente. Mi consejo sería comenzar temprano, hacer algunas pausas durante las horas más fuertes y volver a salir cuando empiece a bajar el sol.
Pero hubo otra cosa que no había considerado al organizar el viaje: agosto es también época de vacaciones para muchos madrileños. Las principales zonas turísticas siguen teniendo muchísimo movimiento, pero algunos pequeños restaurantes, bares y comercios pueden cerrar durante parte del mes.
De hecho, hubo lugares a los que Sandra quería llevarme y simplemente estaban cerrados por vacaciones.
Así que, si estás pensando visitar Madrid en agosto, mi recomendación es sencilla: revisa los horarios antes de desplazarte específicamente hasta un restaurante o negocio y prepárate para el calor.
¿Volvería a Madrid? Por supuesto. Pero la próxima vez intentaría hacerlo en primavera o en otoño, cuando pueda caminar durante horas sin sentir que me estoy derritiendo por las calles. 😂
El error que no repetiría
Si pudiera cambiar algo de este viaje sería muy sencillo: me habría quedado más tiempo.
Dos días me permitieron conocer muchísimo, especialmente gracias a Sandra, que prácticamente se convirtió en mi guía personal, pero yo le dedicaría por lo menos cuatro días a Madrid si quieres disfrutarla sin estar mirando constantemente el reloj
Y con algunos días adicionales también habría aprovechado la ubicación de Madrid para conocer otros destinos cercanos en tren o autobús. Eso queda pendiente.
Si Dios quiere, regresaré en 2027, esta vez durante la primavera, con más días, menos calor y espacio suficiente en la agenda para descubrir no solamente más de Madrid, sino también algunos de sus alrededores.
El martes, a las 4:00 de la mañana, un taxi me esperaba para llevarme nuevamente al aeropuerto.
Madrid había sido intensa, calurosa, divertida y demasiado corta.
Pero el viaje apenas comenzaba.
Siguiente parada: Ámsterdam. 🇳🇱







